Para que una casa se mantenga estable requiere muy buenos cimientos.  Deben llegar hasta lo más firme del suelo.  Se debe idear un sistema que dé firmeza y estabilidad a la construcción.  Cuanto más grande y alta sea la construcción, mejores y más profundos cimientos hay que hacer.  

Jesús tomó este ejemplo de la construcción para enseñarnos a vivir sin ruinas.

Él nos da sus palabras para que sean el cimiento firme sobre el cual edificar.  Ese cimiento debe sostener la construcción de nuestras vidas.  Todo lo que edifiquemos debe estar afirmado en sus palabras.  Él espera que las Palabras que dice, no sólo las oigamos, sino que también las obedezcamos.

A primera vista, todas las edificaciones parecen igualmente sólidas.  

El tema es cuando vienen las lluvias, los ríos y los vientos a golpear contra ella.  

Recién ahí se deja ver sobre qué están afirmadas.  Recién ahí vemos cuáles son los cimientos.  Las palabras de Jesús siempre son un fundamento firme, pero se hacen efectivas cuando las ponemos por obra.  No solo oírlas, sino también obedecerlas.  

“El que oye mis palabras y las hace le compararé a un hombre prudente que edificó su casa sobre la roca… pero si las oye y no las hace lo compararé a un hombre insensato que edificó su casa sobre la arena… vinieron lluvias, ríos y viento que golpearon contra ellas…  El primero, no cayó!!  Para el segundo, fue grande su ruina”, dijo Jesús!

Cada vez que recibas palabra de Dios ocúpate de obedecerla para que la aproveches al máximo como el fundamento de la construcción de tu vida.  Observa bien la base sobre la cual construís tu casa.  Asegúrate que sea sobre la roca y no sobre la arena.  Hace de la Palabra el cimiento.   Vendrán lluvias, ríos y vientos … pero vas a permanecer firme!! No caerás!!

 

Buena semana!!

Ptr. Carlos Nelson Ibarra

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