Seguro que esta semana ha sido de muchísimo estrés para más de uno.  El comienzo de las clases.  Volver a ciertas rutinas y horarios.  Llevar y repartir a los hijos en diferentes instituciones educativas.  Acomodar itinerarios para llegar a tiempo al trabajo.  Muchos cambios, que nos hacen ver que los días de verano y de vacaciones han terminado.

Todo este movimiento de enfrentar imprevistos y apuros que devoran nuestra planificación diaria altera nuestro ser de tal manera que nuestro ánimo se pone un poco volátil.  No son fáciles esos días.

Sabemos que el Señor prometió estar siempre a nuestro lado.  Justo en días como estos necesitamos efectivizar esa promesa.  En medio de las tormentas de la vida, es bueno saber que Dios es el amparo necesario para resguardarnos.  Nadie puede guardarnos o cuidarnos como Él.  Cuando la corriente es contraria y requiere esfuerzo alcanzar el objetivo, es bueno saber que Dios es nuestra fortaleza.  Nadie pueda darnos las fuerzas para seguir adelante, sólo Él lo hace.  Realmente Él es nuestro amparo.  Efectivamente Él es nuestra fuerza.

En medio de tribulaciones circunstanciales o en otras mucho más serias que duran meses o años; como asuntos de salud, economía o temas que demandan cambios radicales de conducta.  Él sigue siendo fiel manteniendo Su Palabra de ser nuestro pronto auxilio.  Él es nuestro auxilio cercano para todos los problemas que tengamos que enfrentar.  Él siempre está dispuesto a ayudarnos cuando lo necesitemos.  Él es nuestra ayuda segura en los momentos difíciles de la vida.  

Vivir por la fe creyendo en esta promesa debe quitar de nosotros todo temor, aunque tiemble la tierra o se derrumben las montañas o las aguas estén muy agitadas.No temamos en las semanas difíciles!!!  No temamos en los problemas de salud o económicos!!!  No temamos en los desafíos de cambiar conductas!!

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