La limpieza de corazón es resultado del nuevo nacimiento. Nunca tendremos o seremos de corazón limpio si Él no nos limpió primero. La sangre que Cristo derramó en la cruz es la que tiene todo el poder para eso.  Sólo una persona redimida tiene la capacidad espiritual de ser alguien de corazón limpio.

Los de limpio corazón son sinceros y sin malicia en su actitud para con Dios y para con el prójimo. No es gente perfecta y sin errores. Es gente que busca por todos los medios agradar a Dios. Son personas que buscan intensamente obedecer y cumplir con los preceptos divinos. No tienen dobles intenciones. No tienen algo escondido que no conviene que se sepa. No son de aquellos que actúan siempre calculando los resultados para sacar ventaja.

Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos tienen la capacidad de ver, observar y darse cuenta de que Dios siempre está.

Sólo ellos ven a Dios moviéndose a través del tiempo, y aprenden de la historia.

Sólo ellos lo ven en la naturaleza como creador soberano y elevan proclamas de adoración a Su nombre.  

Sólo ellos pueden ver a Dios en los eventos de la vida diaria, lo ven desarrollando y moldeando la vida de cada creyente.  

Sólo los de limpio corazón pueden ver a Dios manifestándose y revelándose en las Escrituras, y aceptan Su guía y dirección obedeciéndole. Lo ven cumpliendo Su propósito en sus vidas.

Seamos de aquellos de limpio corazón y disfrutemos la dicha de ver a Dios actuando en todo tiempo y lugar.

Buena semana!!

Ptr. Carlos Nelson Ibarra

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