La vida se nos presenta en diversos matices, colores y contrastes.

Matices emocionales que alegran el alma y otros que la aplastan en el desánimo.  Muchas son emociones brillantes y otras opacas.  Son los contrastes que debemos enfrentar.

Nos permite apreciar las grandes diferencias que existen a nuestro alrededor para poder elegir correctamente.  Elecciones que nos acerquen o nos alejan del Señor y su propósito.  Elecciones que acarrean salud, prosperidad y desarrollo o elecciones que solo traerán ruina a nuestro ser.

Pablo habla de tres contrastes que nos ayudarán a ver con claridad las consecuencias para elegir bien y no desmayar.

El contraste de lo exterior vs lo interior.  No hay que prestar tanta atención a las apariencias, a lo cosmetológico; ya que se deteriora con el tiempo.  En contraste con lo interior del ser humano, que en Dios y su Espíritu, se renueva todos lo días.  Dejemos los disfraces exteriores y vivamos en la verdadera renovación del Espíritu.

El contraste del sufrimiento vs la gloria.  En esta vida enfrentamos diferentes sufrimientos, dolores y angustias.  Lo curioso es que son pasajeras, en algún tiempo realmente terminarán.  Pero la gloria que nos espera en Cristo es eterna.  Nunca dejará de ser.  Por siempre estaremos con Él disfrutando de Su gloria.  Al enfrentar las tribulaciones sepamos que eso produce una manifestación de mayor peso glorioso de Su presencia en nosotros.

Por último, el contraste de lo visible vs lo invisible.  Nuestra atención debe estar puesta en lo que no se ve.  En las cosas que no podemos percibir con nuestros sentidos humanos, aquellas que son eternas.  Son invisibles a los ojos humanos pero visibles al Espíritu.  Es dejar de tener una mirada humana, terrena y carnal para vivir la revelación que el Espíritu Santo quiere darnos.

Estos contrastes deben ayudarnos a crecer en fe, desarrollando una confianza única en el Señor para que no desmayemos.  

En medio de lo que te toca vivir, pone el asunto en contraste.  

Si solo se trata del hombre exterior, no te confíes pues se desgasta, se queda sin fuerzas, se deteriora irremediablemente.  

Si el asunto te acarrea dolor y sufrimiento, tranquilo que es pasajero.  Espera el peso de la gloria eterna del Señor que se manifestará en vos.  

Si el asunto lo queres manejar solo por lo que ves o sentis, el final no va a ser el mejor.  Pero si te concentras y les presta atención a las cosas que no se ven, las del Espíritu; la eternidad te llenará de esperanza.

¡¡Pone el asunto en contraste y decidí correctamente!!

 

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