No sé a vos; pero a mí, me encanta encontrar en la Palabra momentos donde puedo ver a Jesús en su forma más humana. Momentos donde Él nos permite saber cómo se sentía, cuáles eran sus pensamientos o emociones. En este pasaje pude ver eso, una vez más. 

En el versículo 27 podemos conocer, en propias palabras de Jesús, que su alma estaba turbada; se encontraba en un momento de sufrimiento, confusión, angustia, en un profundo dilema interno.  Sabía que la hora de su muerte estaba cercana y no quería pasar por ese gran sufrimiento. Pero también sabía que para eso había venido a este mundo, para cumplir la voluntad de su Padre. “Quisiera decirle a mi Padre que no me deje sufrir así. Pero no lo haré, porque yo vine al mundo precisamente para hacer lo que él me mandó” (TLA).   Qué maravilloso leer esas palabras, qué convicción, qué entrega, qué amor. Jesús entendía cuál era su propósito en la tierra. Jesús sabía que la obediencia al Padre estaba por encima de sus deseos.

Como cristianos tenemos que entender que nuestra vida, no es nuestra. Somos libres de decidir qué hacer, pero eso no debe anular la realidad de que como hijos tenemos que cumplir un propósito dado por Él. Sin dudas vamos a tener dificultades, luchas y momentos donde nuestra alma se encuentre turbada y en serios dilemas, pero que eso no quite nuestra mirada de cumplir con el propósito divino.

Siguiendo con el versículo 28, nos encontramos con un momento extraordinario. Luego de que Jesús manifestara cómo se encontraba su corazón en ese momento, culmina con la frase “Padre, glorifica tu nombre”.  Entendía que el principio y fin de su vida era darle gloria a Dios.  Luego de esas palabras, se escucha una voz del cielo “Ya he glorificado mi nombre y lo haré otra vez” (NTV). El Padre afirmando al hijo, haciéndole entender que ese era su propósito, y que lo iba a utilizar para glorificar Su nombre.

Del mismo modo, nosotros también fuimos creados para glorificar Su nombre.  No es que Él nos necesita, eso está claro, pero sí nos desea. Somos seres únicos, particulares, diversos; y en esa diversidad hay infinidad de formas de glorificarlo. Es mi deseo y oro para que podamos entender y ser conscientes en este tiempo de que lo que somos y hacemos glorifique Su nombre. Que se nos revele que aún en nuestros momentos de incertidumbre, Él glorificará Su nombre otra vez.

 

Hna. Ximena Rhode Ibarra

 

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