El Rey David había entendido el principio de estar enfocado.

No era una persona de mente dispersa o de varios pensamientos.  Una sola cosa el pedía a Dios.  Estaba enfocado en ella.  El foco de sus pensamientos era Dios mismo.  Su presencia, Su compañía, Su hermosura y adoración.

Un hombre que se enfoca en Dios y en Su propósito es capaz de lograr cosas extraordinarias.  En el enfoque, las capacidades básicas se potencian exponencialmente para producir efectos jamás pensados.

Si logramos enfocar apropiadamente un haz de luz, obtendremos el rayo láser. Con él se puede cortar hasta el acero.  Lo mismo pasa si enfocamos apropiadamente un “chorro” de agua.

Estar enfocados en Dios y Su propósito siempre nos llevará a realizar proezas.

David lo sabía, por eso declaró que en el Señor haremos proezas (Sal. 60:12)).  Declaró que Dios lo iba a esconder y cuidar en los momentos duros de la vida.  Que Él lo pondría sobre un lugar firme.  Que no importaba cuantos enemigos se levanten en contra, pues Dios levantaría su cabeza sobre ello.  

Solo se encargaría de ofrecer sacrificios y ofrendas alabando y glorificando al Señor.

Enfoquémonos en El y en Su propósito, y seremos capaces de hacer proezas.  

Enfocarnos en El nos dará la fuerza y el poder de hacer cosas extraordinarias.  

Enfocarnos en El nos dará la capacidad de estar firmes sobre una roca sin que las angustias ni los peligros nos venzan.  

Enfocarnos en El hará que podamos alabar y adorar con gozo al Señor en todo tiempo y lugar.

 

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