¿Por qué dejó sin sanear los pantanos? Me llama la atención que se trate de salinas.  Al ver las propiedades de la sal, comienzo a entender esta decisión divina.  La sal tiene la capacidad de conservar.  Hace centurias que la sal es utilizada para conservar los alimentos.  Evita que se pudran.  

Dios siempre se guarda algo que conserve Su propósito original.  Cuando el pueblo hacía lo que bien le parecía, Él se guardó el derecho de levantar jueces que obedecieron al propósito de preservación del llamado nacional, y trajeron libertad y bonanza a la tierra.  Cuando Israel se iba tras otros dioses, siempre se guardó un remanente fiel que conservó la pureza del servicio y adoración a Su persona.  Cuando los emperadores romanos persiguieron a los cristianos para exterminarlos, Dios se guardó miles de cristianos anónimos que extendieron el evangelio por todo el mundo mientras eran perseguidos.

Él dice que somos la sal de la tierra (Mt. 5:13).  Nos dejó como agentes de preservación para este mundo que está cada vez más putrefacto.  Quiere que mientras estemos aquí preservemos a las personas para que encuentren el propósito amoroso y salvador que Él tiene.

Hay muchas cosas malas que no suceden porque todavía estamos acá.  Pablo le gritó al carcelero de Filipos: “No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí” (Hch. 16:28).  Pudiendo irse, decidió quedarse y ser sal.  Su grito fue suficiente para que, al carcelero, no se le “pudra” la vida.  Fue preservado él y su familia por la eternidad.  La sal (nosotros) hace que las cosas (personas sin Cristo) no se pudran, sino que encuentren preservación eterna.  Nunca pierdas de vista que Dios siempre se guarda algo para un bien mayor.  Si estamos acá, es porque nos ha guardado para hacer bien a este mundo. 

 

¡Buena semana!

Pr. Carlos Nelson Ibarra 

 

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