Solemos debatirnos entre hacer o dejar de hacer.  Entre trabajar y actuar o estar quietos y descansar.

Pocas veces reparamos en ver a un Dios que siempre hace.  Donde todo lo que nosotros podamos hacer está supeditado a Su voluntad actuando en nosotros.

 

El salmista declara una profunda convicción de saber que Dios, ante un pedido confiado, no se queda quieto.  Él trabaja, Él actúa, Él hace en respuesta a que encomendamos confiadamente nuestro camino a Su voluntad.

 

En 1 Ts. 5:24, Pablo escribe una idea similar.  Siempre el énfasis está en la fidelidad de Dios y de ahí la causa de su actuar.  En este caso Dios hará en nosotros la obra santificadora completa.  Una obra que demanda paciencia y tiempo hasta que Él vuelva.  Una obra que nos guarda y nos hace irreprensibles para Su venida.  Una obra que se realiza por que Él nos llamó.  Y por su fidelidad.

 

Judas, al final de su carta (V. 24), expresa lo mismo.  Escribe que Dios es poderoso para guardarnos sin caída y presentarnos sin mancha delante de su gloria.  Una vez más es Dios el que hace.   Hace que podamos presentarnos delante de su presencia con gran alegría.

 

Dios siempre hace mucho más de todo lo que nosotros podamos hacer.

En medio de las dificultades de la vida, confiemos: “Él hará”

Aunque la incertidumbre de este tiempo nos apriete, confiemos: “Él hará”

Ante la ausencia o el dolor recurrente por aquella pérdida, confiemos: “Él hará”.

Aún en medio de pensamientos y emociones encontradas que nos manchan el alma, confiemos que Él también hará.

 

Su cuidado y Su trabajo en nosotros nunca se detienen.

Ante los asechantes peligros del camino, confiemos que Él hará.

Ante los momentos conflictivos de nuestro interior, confiemos que Él también hará.

 

Buena semana

Pr. Carlos Nelson Ibarra

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