Las amistades que elijamos suelen ser determinantes a la hora de tomar decisiones.

La Biblia cuenta algunos ejemplos:

Cuatro amigos que se unieron para bajar por el techo a otro delante de Jesús. (Mc. 2:3-12) Ellos son un claro ejemplo de amistades para el bien.  Unirse en amistad para el bien es trabajar en equipo llevando adelante ideas que redundan en el bienestar y salvación de otros.

El consejo malicioso y manipulativo que Jonadab le dio a su amigo Amnón para que lograra abuzar de su media hermana, muestra lo que son capaces de hacer aquellos que se unen para el mal. (2 S. 13:3-14)

Un hombre llamado Abraham se hace amigo de Dios, o… mejor dicho a quien Dios lo llama “su amigo”, muestra que es posible tener amistades eternas. (Is. 41:8).  Es más Jesucristo nos llama amigos porque hacemos lo que nos manda. (Jn. 15:13-14)

Cada una de estas amistades trae sus consecuencias.

La de los cuatro amigos del paralítico trajo salud, perdón y salvación.

El segundo caso trajo violencia, odio, resentimiento, vergüenza y muerte.

En el tercero de los casos trajo la bendición para todos los que somos hombres y mujeres de fe.  Trajo la bendición a todas las familias de la tierra.

Ser amigos de Jesús trae sobre nosotros la realidad de saber que somos hijos de Dios.

¡Revisá tus amistades!

Potencia las que son para bien, Dios quiere usarlos para traer salud, perdón y salvación.

Desechá las que te llevan a hacer mal, su final siempre será de destrucción para vos y tu entorno.

Y fortalecé los lazos de amistad con Dios a través de la oración y la lectura de la Palabra.  Él quiere bendecirte para que seas de bendición a los demás.

¡¡Feliz día para todos los amigos de mi mejor amigo, Jesucristo!!

 

Página 1 de 143

Devocionales anteriores