Dios nunca nos prometió una vida libre de problemas o luchas.  Al contrario, expresó que “en el mundo tendremos aflicción.”  Este sistema llamado “mundo” afligirá nuestra alma haciéndonos padecer el dolor opositor al ejercicio de la fe.  

A Jeremías le dijo que lo pondría en el pueblo como muro fortificado de bronce y que pelearán contra él.  A través de Isaías le dijo a Israel que pasaría por inundaciones, ríos e incendios.  El salmista expreso que pasaba por angustias.  El Señor dijo de Pablo que “Él le mostraría lo que debería padecer por Su nombre.”  De Jesús se expresa que era un “varón experimentado en quebranto,”  que “sufrió la cruz y menospreció el oprobio.”

Lo extraordinario es que Dios no está ausente a nuestras luchas.  Al contrario, Él prometió estar al lado de Jeremias, del salmista y también de Israel.  A Pablo le prometió acompañarlo durante todos los dias de su vida.  Y de Jesús se dice que “anduvo haciendo bienes y sanado enfermos, porque Dios estaba con él.”

El dolor, la prueba, la angustia, las luchas son necesariamente parte de la vida del verdadero hijo de Dios. En las dificultades conocemos más y más a Dios.  Conocemos de su amor al moldear Su imagen en nosotros.  Conocemos más de Él al experimentar su entrenamiento en la fe.  Aprendemos a confiar en Su provisión y cuidados.

En las luchas también nos conocemos a nosotros mismos.  Nos conocemos al ver cómo reaccionamos en esos momentos.  Conocemos en profundidad cuán fieles somos, no cuán fieles decimos que somos.   Conocemos acerca de la paciencia y confianza en aquel que prometió acompañarnos victoriosamente con Su paz

Debemos aprender que la vida del verdadero cristiano está marcada por el enfrentamiento entre la angustia y la paz.  Aún en medio de un mundo que nos aflije, nos pelea, nos anega, nos golpea, nos hace sufrir, Él nos promete Su paz.

El Señor nunca nos prometió que viviríamos sin problemas, luchas o aflicciones.  Él siempre nos garantiza la compañía victoriosa de Su paz.  Sus enseñanzas son para que en Él tengamos paz.  Es imposible vivir en paz lejos de su Palabra.

 

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