Las campañas publicitarias, Insisten en que “necesitamos” comprar.  Utilizan elementos persuasivos y seductores para convencer al público.  Estudian la realidad social para proponer su producto utilizando ideas creativas, atractivas y fáciles de recordar; asociada a aquellos atributos positivos para estimular los sentidos.

En cierta ocasión Jesús también hizo una oferta, pero su publicidad careció de todas estas técnicas actuales.  Por el contrario, su propuesta no era atractiva, no estimulaba al placer.  Ni mucho menos seducía los sentidos.  En Lucas 9.23 Comienza con el speech diciendo “Si alguno quiere ser mi discípulo”   Mucha gente seguía al Maestro por distintas motivaciones: curiosidad, necesidad o admiración.  Al oír estas primeras palabras, habrán reaccionado con entusiasmo, asintiendo positivamente a la propuesta de seguirlo.  Sin embargo, Jesús, en contra de todas las estrategias publicitarias continúa con la propuesta, indicando el costo que esto requería: negación, esfuerzo y obediencia.  Negarse a sí mismo, tomar la cruz todos los días y seguirlo.

Muchas de las compras que realizamos a diario son solo una respuesta a estímulos generados por las estrategias publicitarias, pero innecesaria.  La propuesta de Jesús no solo es necesaria, sino que también es urgente y conduce a vivir una vida de comunión con Él a través de su Palabra y la oración.  Una vida de servicio a las personas a través de los dones y ministerios que nos regala. Su estrategia no fue muy marketinera pero su alcance ha trascendido hasta la actualidad. El desafío es para hoy también: ¿querés ser su discípulo?

Raquel  Feuershvenger

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