Muchas veces en la vida podemos sentirnos estancados o detenidos.  Nos cuesta salir de ese estado emocional y espiritual que nos tiene anclados al pasado.  No podemos salir de una relación enfermiza. Nos está costando salir delante del fallecimiento de aquella persona amada.  No puedo superar los maltratos vividos en el ayer.  Son múltiples situaciones que nos empantanan y no nos dejan seguir adelante.

Como hay una gran nube de testigos, ejemplares en la fe que nos observa, debemos desafiarnos a ser protagonistas de lo que el Señor quiere hacer “en” nosotros y “con” nosotros.  Es decidir superar el estancamiento.

La decisión de ser protagonistas en la fe de manifiesta cuando nos despojarnos de todo peso y del pecado que nos asedia.  Debemos sacar de nosotros y desechar todas las situaciones duras del ayer que son un peso sobre nosotros y llevarlas a Su cruz.  Él se ofrece a llevarlas.  No permitamos que el pecado nos venza en su asedio.  No podemos evitar que nos amenace, pero sí podemos decidir no pecar.  Si optamos por algún pecado, siempre algo se va a morir en nosotros.  La remuneración del pecado es muerte.

Ser protagonistas requiere paciencia.  La carrera de la vida no es de cien metros llanos, es de largo aliento.  Paciencia para esperar a Dios hacer en Sus tiempos.  Las cosas suceden cuando Dios lo decide, no cuando nosotros queremos.

Nunca podremos avanzar siendo protagonistas de la fe si dejamos de mirar y contemplar a Jesús.  Él es el creador y ejecutor de la fe.  Él nos enseñó y nos enseña aún lo que es ser hombres de la fe.  Menospreció pacientemente el oprobio y la contradicción del pecado y su ánimo nunca decayó hasta detenerse en un desmayo.  Él nunca desmayó en su fe, siguió adelante para morir por nosotros para que tengamos un supremo ejemplo.  Él es el más grande de los protagonistas de la fe.  Él es en quien comienza todo y también en quien termina todo.  Él es el alfa y la omega.  Él es el principio y el fin.

Seamos protagonista de la fe en nuestra casa, trabajo, escuela, universidad, profesión y ministerio.

La impronta divina sigue siendo: “nosotros también”.

 

Buena semana!!

Ptr. Carlos Nelson Ibarra

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