"Abre mis ojos, y miraré, las maravillas de tu ley."

Los que tenemos cierta sensibilidad solemos emocionarnos por varias cosas.

Uno de los lugares que suele emocionar a sus visitantes son las cataratas del Iguazú.  

Es un lugar imponente, lleno de vegetación y con mucha agua cayendo que ruge fuertemente.  La bruma que se forma por las gotas de agua que salpican es realmente impresionante.

“Es una maravilla”, suelen calificarla los que las han visitado.

Se sienten maravillados por la magnitud e imponencia de sus saltos.

El salmista oraba y le pedía a Dios: “abre mis ojos”.

Es una oración que todos debemos hacer a la hora de leer la Palabra.  

Necesitamos que el que la inspiró nos abra el entendimiento, nos ayude a correr los prejuicios y valores equivocados que tenemos sobre el asunto.  Cuando abramos la Biblia pidámosle a Dios que nos de claridad y entendimiento.  Fue el Espíritu Santo el que guio a los santos hombre de Dios a escribirla.  Que sea El mismo quien guíe nuestra lectura para interpretar tal inspiración.

El deseo del escritor era que Dios abriera su comprensión para poder “mirar”, observar con detenimiento, apreciar y valorar lo maravilloso de la ley de Dios.

Su deseo era vivir lo que miraba, obedecer lo que observaba.

No es una expresión de asombro pasivo.  Es una expresión de estar deseoso de obedecer a esa ley que, por su perfección, lo maravillaba.

Alimentémonos de la Palabra todos los días.

Pidámosle al Señor que nos “abra los ojos y podamos mirar las maravillas de su ley”.

 

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