Las ciudades son un lugar de morada comunitaria de muchas personas.  Esa comunidad puede verse dañada o engrandecida.

La diferencia entre su engrandecimiento o su trastorno está en la conducta, actitud y palabras de sus habitantes.  Los rectos la engrandecen y los impíos la trastornan.

Los ciudadanos que son íntegros en su hablar, en su conducta y en sus actitudes son de mucho beneficio para la ciudad.  Ellos la hacen prosperar.  Hacen que sea un lugar deseable para otros también.  Ellos, por su condición de justos, son los que establecen a Dios como Señor y dueño del lugar.  Y, donde Dios gobierna, hay paz, alegría, prosperidad y bendición.

Por el contrario, la boca de los malvados destruye la ciudad y trae malestar sobre ella.   Sus palabras perversas, mentirosas, violentas y fuera del propósito divino perturban a sus habitantes y a cualquiera que pase por ella.  Hacen de esa tierra un lugar indeseable y lleno de desgracias.  La presencia de gente mala, solo la trastorna.

Somos rectos por haber creído en la obra de Cristo.  Ser justos no es un mérito nuestro, Dios nos declaró justos en Cristo.  Pero, con buenas actitudes y conducta, con palabras de gracia y verdad, realmente podemos hacer que nuestra tierra sea prosperada, engrandecida y llena de bienestar.  Por nuestra bendición, la ciudad es engrandecida.  Nuestra bendición hace la diferencia.

 

¡Te bendigo en el nombre de Jesús!

Pr. Carlos Nelson Ibarra

 

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