La paz es resultado directo de la justicia.  Por la fe que hemos depositado en Jesús somos justificados por Dios.  Fuimos declarados justos, pues Él pagó por nuestros delitos.  Esa justificación nos permite tener paz para con Dios.

Estar en paz con Dios nos capacita para abrazar el desafío de ser sus agentes en el mundo.  Jesús nos dio de Su paz para que no tengamos turbaciones y superemos los miedos.  Esa paz es la materia prima que nos constituye en pacificadores.  Podemos disfrutar la bienaventuranza de ser llamados hijos de Dios.

Él es un Dios de paz!!  Nosotros, sus hijos, debemos ser agentes de paz!!  Debemos ser pacificadores!!

En nuestros días hay una urgente necesidad de esta clase de personas.  

Sobran agitadores que siembran la incomprensión, la amargura y la enemistad.  

¡Cuánta discordia, malos entendidos, espíritu de pelea, agitación, violencia, odio y venganza arde en medio nuestro!

Es tiempo que se manifiesten los pacificadores, aquellos a los que Cristo llama bienaventurados.  Aquellos que serán llamados hijos de Dios.

Así como necesitamos la luz cuando nos envuelven las tinieblas, el alimento cuando prevalece el hambre y el calor cuando hace frío, hoy, más que nunca, se requieren con urgencia emisarios de paz.  Hombres y mujeres pacificadores que detengan con el bien el mal.

Si estás cerca de un conflicto, sé un pacificador.

Viví la bienaventuranza de ser llamado hijo de Dios

 

Buena semana!!

Ptr. Carlos Nelson Ibarra

 

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