13 Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia. 14 Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente.

Curiosamente Dios siempre se proyecta hacia las generaciones que viene después de nosotros.  En Su plan eterno, Dios quiere que nuestros descendientes sean mejores que nosotros.  El pecado va degenerando la genealogía humana, pero en Cristo deben “regenerarse” las generaciones.  Según nuestra conducta Él bendice o permite el sufrimiento de nuestra descendencia.

Habló con Abraham y le dijo que sus descendientes iban a ser muchos y bendecidos.

Luego repitió esa promesa a Isaac y la reafirmó recordándosela a Jacob.  Esa promesa es también para nosotros hoy.

Dios es un Dios de generaciones.  Comenzó algo contigo, pero no termina contigo.  Él está armando el escenario para lo grandioso que hará con tus hijos, nietos y bis nietos. Te invito a orar, cuidar y en algunos casos rescatar las generaciones que vienen.

Debemos crecer en responsabilidad dejando buena herencia a nuestros hijos.  Debemos crecer en sabiduría para que, en función de nuestra obediencia al Señor, Sus bendiciones alcancen también a nuestra descendencia.

La Biblia es muy honesta en su revelación.   Nos cuenta las buenas y las malas de sus personajes.  Al rey David no le fue muy bien como padre, porque aunque era un adorador y un “hombre conforme al corazón de Dios”, su casa estuvo cargada de intrigas, violencia y muerte.  Abraham obedeció y fuimos bendecidas todas las familias de la tierra.  Josué plantó un mojón de servicio familiar generacional que impulsó a todos sus contemporáneos a honrar a Dios.  En el Nuevo Testamento encontramos a una abuela y a una madre que supieron transmitir apropiadamente una fe sincera a Timoteo.

Está claro que los mayores tenemos una gran responsabilidad sobre lo que sucede a los menores que están bajo nuestro cuidado.  Cuidemos a los que vienen detrás.  No permitamos que por descuidos o ausencias en nuestra casa sufran violencia.  Seamos de aquellos que transmitimos bendición a nuestros hijos.  Seamos de aquellos que transmitimos fe sincera a nuestros descendientes.  Una fe sincera no es un estado de perfección espiritual, es un estado de cordura.  Sé que no soy perfecto, pero intento por todos los medios agradar a Dios.

Eso nuestros descendientes lo verán, lo valorarán y Dios les dará la capacidad de capitalizarlo.

 

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