Un déficit que noto en la actual generación es la poca cultura de trabajo.  Muchos jóvenes no han visto a sus padres ni abuelos trabajar (tener empleo).  

Estamos en una época donde muchos quieren un empleo, pero no quieren trabajar.  Quieren empleo, pero cuando las cosas se ponen un poco demandantes, le buscan la vuelta para que los despidan y luego ver cuánta “plata me dan”.   No quiero quedar como un insensible ante los maltratos laborales, sólo quiero decir que hay cosas que son legales pero que no necesariamente son justas delante de Dios.  Creo que es una época donde el juicio laboral es un gran negocio.  

Jesús dijo: “mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo”.

Esta declaración hace ver que Dios el Padre aún está trabajando, o sea, está ejerciendo su responsabilidad de ser Dios.  No sólo creo el universo, sino que hoy trabaja en sustentarlo.

Jesús también trabaja.  No sólo ejecutó su obra redentora, sino que sigue trabajando intercediendo por nosotros como nuestro abogado.

Quiero honrar a todos los trabajadores en esta semana del Día del Trabajador.

Quiero honrar a todos aquellos que viven y dan ejemplo de responsabilidad laboral a las generaciones que vienen.

Quiero honrar a todos los que “han trabajado”, “están trabajando” y lo harán hasta que las fuerzas lo permitan. 

Honro y bendigo en el nombre de Jesús a todos aquellos que, aunque no tengan un empleo remunerado trabajan para hacer que las cosas sucedan.  

Honro y bendigo a las amas de casa.  

Honro y bendigo a los voluntarios en todas sus formas.  

Honro y bendigo a todos mis hermanos y hermanas que trabajan sirviendo al Señor, aunque no se les remunere económicamente el tiempo que invierten en ello.  Los honro en el nombre de Jesús porque, aunque no reciben un beneficio económico, lo hacen con gran responsabilidad y diligencia.  Sé que el gran Dios y Señor de nuestras almas promete que, en Él, nadie quedará sin recompensa.

¡¡FELIZ DÍA DEL TRABAJADOR!!

 

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