A todos nos gusta prosperar.  Esta innato en el ser humano querer estar mejor que ayer.  Dios estableció esto en el interior de cada uno de nosotros.   Su orden establecida en la creación del hombre fue que se ocupe de prosperar (fructificar, multiplicar, llenar la tierra, señorear.  Gn 1:28)

Siempre, como en todas las cosas del Señor, hay requisitos que cumplir.  El prosperar está directamente ligado a que caminemos obedeciendo su orden.

El Salmo 1 dice que somos muy felices por varias razones que están basadas en nuestra conducta.  Una conducta que se deleita en aprender, meditar y obedecer la Palabra.

La comparación del salmista es que seremos como un árbol que esta plantado junto a un rio que hace que nuestra vida sea frondosa y fructífera.  Nos permite prosperar en todo lo que hacemos.  Y hace que nunca nos falte los nutrientes ni la fortaleza para avanzar.

Queremos prosperar pero no estamos dispuestos a dejarnos plantar a orillas de Su rio.  No le creemos a Su Palabra y Sus nutrientes nunca llegan a producir efecto en nosotros.

Queremos prosperar pero no estamos dispuestos a aprender, meditar y mucho menos a obedecer la Palabra.  Su frescura nunca llegará a nuestras raíces, nos desnutrimos y se acaban las fuerzas.

Queremos prosperar pero no tenemos interés y no nos deleita la Palabra.  El ánimo lo ponemos en el deseo fantasioso de mejorar, sin tener en cuenta la necesidad de arraigarnos gustosamente en Su Ley.

Dios esta interesado en ayudaros para que todo lo que hagamos en lo laboral, familiar y ministerial prospere, pero la única forma de que eso suceda, es a Su manera.

Amado, para prosperar en todas las cosas que hagas, debes deleitarte en obedecer la Palabra.

 

Devocionales anteriores