Al pensar en la vida noto que siempre, y con diferentes niveles de magnitud, se abren ciertas etapas y se cierran otras.

Pienso, me pregunto  ¿cómo se sigue?

La única respuesta que el Señor trae a mi mente está en estos versículos.

Debemos valorar muchísimo a los que han corrido antes que nosotros.  Eso es lo que el escritor quiere decir al mencionar la gran nube de testigos que está a nuestro alrededor.

Hay que trabajar y pelear hasta derramar nuestra sangre (dar la vida) contra el pecado.  Hay que sacarnos de encima las pesadas conductas pecaminosas que asedian y molestan nuestro caminar.

Llenarnos de paciencia para simplemente seguir, y seguir, y seguir con la mirada fija en la persona de Jesucristo.  Él es el creador de la capacidad de creerle.  Es quien logró consumarla en su más alto nivel de fidelidad enfrentando la cruz.  Luego fue exaltado hasta sentarse a la diestra del trono de Dios.  Esa es la fe que funciona.  Sufrió cumpliendo Su propósito redentor y Dios lo llevó al más alto de los niveles.

No nos podemos dar el lujo de desmayar en el camino.  Prestemos atención a aquel que sufrió muchísimo para que nuestro ánimo no se canse hasta verse derrotado. Pasaremos momentos de desaliento, pero nunca nos daremos por vencidos si recordamos a Jesús y los sufrimientos contradictorios que vivió.

La victoria es nuestra.  Es la victoria de aquellos que saben que su fe vence al mundo.  Es la victoriosa carrera de los que creen.  La carrera siempre es para adelante.  Lo mejor está por venir.  ¡¡Vamos por más!!

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