Nuestra indignidad humana nos aleja de aquel que puede hacer cosas sorprendentes.

Es verdad que por el pecado somos indignos, pero es mucho más verdadera y poderosa la dignificación que Jesús obtuvo por nosotros en la cruz.

Nuestra dignidad no está dada por lo bueno que somos sino por la gracia, el amor y la misericordia de Dios manifiesta en el sacrificio de Cristo.

Este personaje, el centurión, necesitaba un milagro en la vida de su siervo.  Se sintió indigno de que Jesús entrara a su casa, pero creyó en la autoridad de las palabras de Jesús.  “di la palabra, y mi siervo será sano”.

Estamos en medio de un congreso: “tu propósito en mí” Dios quiere cumplir Su propósito en vos…

Hay un milagro esperándote.  Hay algo glorioso que Él quiere hacer en vos.  Hay algo sorprendente que Jesucristo quiere producir en tu vida.  Sólo cree en el poder y la autoridad de Su Palabra.

No es tu humildad o tu buena conducta la que ejecutarán el milagro… será tu confianza en Su Palabra de autoridad la que hará que sucedan las cosas. 

El centurión sabía muy bien lo que era ejercer palabras de autoridad, por eso creyó en la autoridad de la Palabra de Jesús…

Cree en la autoridad de la Palabra y cosas muy importantes sucederán en tu vida…

Cree en la autoridad de la Palabra y verás milagros en tu entorno…

Cree en la autoridad de la Palabra y serás alabado por tu fe…

¡¡Cree en la autoridad de la Palabra y tus momentos agónicos serán mudados en salud y vida!!

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